miércoles, 20 de septiembre de 2017

Debates más amplios sobre la inclusión digital

En Brasil, distintas acciones especialmente desde el 2006 confluyeron en garantizar la conexión a internet de sus territorios. Sin embargo una creciente conectividad alertó sobre la falta de infraestructura de telecomunicaciones y la ausencia de banda ancha en buena parte del territorio brasilero. En Argentina el acceso a internet se diferencia entre las áreas urbanas y rurales. Según el INDEC, casi el 80 por ciento de los accesos a Internet residenciales y de organizaciones se concentra en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza  que son áreas urbanas.
Con respecto a Brasil, las políticas emprendidas por el gobierno de Lula, aunque fueron numerosas se dieron de una manera desarticulada, y según Pretto y Bonilla no entendieron la importancia de la “inserção do conjunto das camadas sociais na comunicação em rede para romper o processo de reprodução da miseria”. 
La discusión de la inclusión digital contempla la infraestructura donde puede hablarse de la velocidad de la banda ancha como un elemento trascendente. En Argentina además del problema de la concentración que tiene que ver con que internet es principalmente utilizado en los grandes centros urbanos, existe una velocidad promedio de conexión de entre 3,5 y 5 MB, cuando en Uruguay el promedio es de 20 MB a través de una empresa estatal. En Brasil y México se habla de un promedio de 10 a 12 MB. Tal diferencia no se adjudica solo a la falta de inversión sino también a la falta de regulación de un mercado fuertemente concentrado, con un Estado que no solo no invierte sino que no garantiza la competencia.   
Pero para los autores es necesario contemplar tres libertades más: la de creación de nuevos contenidos, de nuevas tecnologías y de navegación sin centros que la cercenen. Porque se observa que a medida que se expande internet las grandes empresas de telecomunicaciones ejercen un mayor control sobre la información (el llamado copyright por ejemplo) y así, a la vez que en un sentido puede aumentar la inclusión digital en términos de accesibilidad a la red, merma la autonomía que es en los internautas el poder comunicacional descripto por Castells. Para explicarlo de otra manera, hay cada vez más cable, pero las operadoras pueden transformar internet en “gran red de TV a cable” que significa “reducir su interactividad, filtrar los flujos de información, impedir el compartimiento libre de archivos digitales”. Desde ahí que siempre resulta decisivo agregar al punto de vista de los usos de las tecnologías la perspectiva del software libre y de los hackers como actores contemporáneos de una nueva creatividad que permitiría una red con mayor“possibilidade para a ampliação da cidadania e (mayor) diversidade cultural e tecnológica” frente a las corporaciones. 
En estos días me desvela como nuestros países latinoamericanos van teniendo una ciudadanía dominada por un pensamiento cada vez más conservador. Y cuál puede ser el papel de la red entendida bajo la perspectiva de aumentar el poder comunicacional de los individuos y colectivos para contrarrestar las influencias de los medios masivos. Actualmente asistimos a la llamada convergencia comunicacional: la capa física que es la que transmite internet y por donde pasa el mayor flujo de las informaciones controlada por los mismos ologopolios que controlan los medios masivos. “Quien controla la infraestructura física de la red puede controlar el flujo digital de la red”. En su libro “Guerras de Internet”, Natalia Zuazo explica que hoy, 5 de cada 10 personas están conectadas a algún servicio de Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, y otros servicios como Netflix y Amazon. Nuestro consumo y nuestro estar en internet está vinculado con esas grandes empresas que son empresas de contenido. Entre estas y las de conexión se da un conflicto porque las que tienen más ganancias son las primeras. En el medio, están quienes no están conectados que representan un tercio de la población total. Aquí termina y empieza la discusión sobre inclusión digital que merece esos otros debates como poder desandar el concepto que frecuentemente utilizamos de usuarios que implica aceptar pasivamente los contenidos sin preguntarnos que nos piden a cambio de esos consumos, lo que nos llevaría a concebirnos como ciudadanos. ¿Podemos elegir conectarnos o no a WiFi en el subte sabiendo previamente que al hacerlo entregamos nuestros datos que son la forma de pago a estas empresas por el servicio? Qué elegimos y qué no nos convierte al menos por pequeños momentos en ciudadanos en la inmensa red. 

martes, 19 de septiembre de 2017

Pensar las nuevas pedagogías

Hay que recordar que “la música no está en el piano” y que “el conocimiento no está en las computadoras.”
La cuestión de las tecnologías se vuelve algo fundamental para pensar el signo de nuestros tiempos, nuestra identidad, y el papel que juega en la educación sigue siendo por ahora y quizás por algún tiempo una figura de la otredad. Esto significa que las tecnologías se nos presentan a los educadores como un “otro” con todos los conflictos de vincularidad que tenemos siempre con el “otro”.
-Que nos genera una incertidumbre
-Que nos golpea en nuestros preconceptos. Inclusive acerca de lo que es la educación. 
-Puede haber visiones dicotómicas. Una y la más extendida es pensar que la informática está matando al maestro.
En torno de esto, surgen desafíos para pensar las prácticas pedagógicas. 

PRIMER DESAFÍO
La primera preocupación hace a la inclusión digital
Allí se enmarcan, entre otras cosas, las políticas de equipamiento y conectividad, los programas de una computadora por niño o los planes que apuntan a la adquisición de competencia para el uso de las TICs.
En América Latina se impulsaron desde instancias públicas programas orientados a equipar, capacitar e incorporar en el territorio escolar las nuevas tecnologías: el Plan de Inclusión Digital Educativa y Conectar Igualdad en la Argentina y el Proyecto UCA en Brasil son dos ejemplos. 
El mapa de la conectividad, señala Inés Dussel, muestra que todavía restan pasos importantes para garantizar el acceso a los sectores más postergados de la población, ya sea por razones socioeconómicas que limitan ese acceso, ya sea por su localización geográfica que los coloca fuera del alcance o cobertura del actual mapa de conectividad.

SEGUNDO DESAFÍO
Desafíos pedagógicos que implica la introducción de tecnologías digitales en las escuelas. 
Aquí la autora detecta una inadecuación de los marcos institucionales actuales para dar respuesta a los desafíos de las nuevas tecnologías.
Aunque la conectividad no está para nada  zanjada, pese a los años en que se empiezan a iniciar acciones en los distintos países para extender el acceso, se puede decir que:
La brecha digital se está desplazando:  del acceso a los usos
Usos:  entre usos más pobres y restringidos y otros que den lugar a la capacidad de los estudiantes de realizar operaciones complejas, moverse en distintas plataformas y aprovechar al máximo las posibilidades que ofrece la cultura digital. 
POR ESO
Trabajar en la formación docente y en la formulación de nuevos repertorios de prácticas que permitan hacer usos más complejos y significativos de los medios digitales. ¡No solo dotar a las escuelas con computadoras y acceso a internet! 

CULTURA DE MASAS

El aula, enfatiza la autora es una construcción histórica, que se organizó de la manera que la conocemos
hace unos trescientos cincuenta años: en base al método frontal, esto es, una disposición centrada en el frente, con un punto de atención en la figura adulta y en una tecnología visual como la pizarra, la lámina o la imagen religiosa, que ordenaba los intercambios a la par que establecía una relación asimétrica y radial entre el docente/adulto y los alumnos/niños todos al mismo tiempo las mismas cosas, y que atienden a un maestro adulto que plantea un programa unificado y central que organiza al conjunto. 
De alguna forma, la multiplicación de las computadoras y netbooks como artefactos tecnológicos permanentes en el aula, con sus pantallas individuales y su conexión en red, más los celulares suponen una redefinición del aula como espacio pedagógico. La enseñanza frontal, simultánea y homogénea en un contexto de tecnologías no se puede sostener. Hay una fragmentación de la atención en una SOCIEDAD ORGANIZADA que se organiza más bien EN REDES. 

Cultura digital
Una cultura cuyo dispositivo o deseo se basa en la comunicación recíproca. En la voluntad de estar conectados, y donde la inteligencia colectiva es muy importante. 
De colaboración donde las audiencias reclaman su derecho de producir y de participar. Donde todas las prácticas relacionadas con la producción y compartimiento son valorados y donde la diversidad también lo es. 
No es tanto poner el énfasis en las nuevas tecnologías sino en las transformaciones culturales. 
Los educadores que adscriben a esta posición sostienen que estamos ante un cambio de época, y que hay que reorganizar la enseñanza pensando en los nuevos rasgos de producción de los saberes, como son la hipertextualidad, la interactividad, la conectividad y la colectividad. 

Conocimiento en la cultura digital
Funciona en base a la personalización, la seducción y el involucramiento personal y emocional. Más veloces y con una interacción inmediata. 
Florencia Ripani piensa que es necesario que los docentes conozcan las prácticas de los alumnos/as relevantes en sus tiempos de ocio, en su socialización, sus consumos culturales y puedan integrarlos significativamente a las prácticas de enseñanza y aprendizaje. 
Teniendo en cuenta que siempre hubo una disociación entre aquello que a los alumnos los entretiene, los motiva, les gusta, y lo que pasa en la práctica escolar. Entonces cómo integrar estos dos mundos. 
Pérdida de frontera entre lo escolar y no escolar
Como consecuencia de las nuevas tecnologías, el espacio del aula se está redefiniendo tanto en su estructura material como en sus formas de interacción; ya no hay un solo eje de interacción controlado por el profesor, sino una comunicación múltiple. 
Por las redes sociales, por la presencia de las tecnologías impuestas “desde abajo” como los celulares, o los videojuegos. 
Las redes sociales por ejemplo promueven otros tipos de agrupamientos que no son entre pares necesariamente sino por tipos de afiliación. Como los videojuegos. Ahí más que un vínculo hay como una ligazón a una tarea o un interés, y es acotado en el tiempo porque depende de la participación de sus participantes. Ahí entran y salen con facilidad. Requiere de otro tipo de conocimiento, un conocimiento tácito, que los jugadores han construido en la tarea. Podemos nombrar la potencialidad de los booktouber como fenómeno de estos tiempos.
Acá puede estar el debate de qué implica sólo generar en la escuela espacios de afinidad, y dejar de lado la idea de cultura común y pública. 
Las posibilidades que da dentro de la escuela la opción de Utilizar redes sociales también tiene gran potencial. Hay docentes que invitan a twittear a los alumnos como si fueran una personalidad histórica, poniendo solo citas textuales de estas personalidades. Y esto justamente significa extender las fronteras del aula. Porque en el ciberespacio, en todo el entramado de las redes sociales, no solo se trabaja con la comunidad de alumnos y docentes, sino también con otros expertos, con aficionados, con comunidades de conocimiento y se logra una integración social muy necesaria e interesante.
Por otro lado, Dussel enseña que las nuevas tecnologías –y su lógica de consumo– parecen funcionar sobre la base de la personalización, la seducción y el compromiso personal y emocional, y lo hacen siempre con una dinámica y una velocidad que entran en colisión con los propósitos y “tiempos” de la enseñanza-aprendizaje de la escuela.
No estamos entonces solamente ante un problema de inversión en infraestructura (requisito necesario pero no suficiente en el campo de las tecnologías) sino también ante una mutación simbólica y cultural que involucra las bases sobre las que se construye la institución escolar.

La cibercultura y el conocimiento

Leavy explica cómo el conocimiento o nuestra relación con el saber está en constante mutación a partir de la aparición de las tecnologías intelectuales del ciberespacio: la memoria, la percepción, la imaginación, nuestro raciocinio en tanto funciones cognitivas van a transformarse hondamente a pesar de que no haya una conciencia cabal de ello. El poder de esas tecnologías intelectuales señala Leavy es que pueden ser objetivadas en documentos digitales o programas que después están disponibles (son transferibles y reproducibles) por lo que pueden ser compartidos. Aquí hablamos de la inteligencia colectiva, concepto clave para describir esta nueva era llamada cibercultura. 
Las denominadas por Leavy tecnologías de la inteligencia individual y colectiva afectan la educación y la formación. Por eso este pensador cuestiona los modelos tradicionales de enseñanza que se basan en programas preestablecidos y generales. Leavy entiende que el conocimiento tiene que tener perfiles de competencias singulares. El profesor deberá convertirse en un animador de la inteligencia colectiva. 
Lo virtual que él ejemplifica en 1995, cuando internet no había llegado a la vida cotidiana ni escolar de las personas, por lo menos en América Latina, era lo que le mostraba un alumno: “un documento dinámico, abierto, ubicuitario que me reenviaba a un corpus prácticamente infinito”, un texto de otra naturaleza, textos que remiten a otros textos y que pueden estar en cualquier lugar del planeta constituyéndose así lo que conocemos como el ciberespacio.  
Para ir definiendo más los conceptos que forman parte del ciberespacio Leavy explica que la Web es una parte de la Word Wide Web. Esta última como uno de los principales elementos del ciberespacio se expandió de una manera ilimitada. La Web -especifica- es una estructura organizada de información, de documentos. A pesar de que hay una línea propuesta de navegación, la jerarquía no es absoluta sino que es una articulación abierta, en fuga, un desorden estructural, un diluvio (informacional). Este modelo sirve a Leavy para describir el conocimiento que nace con la cibercultura que es básicamente intotalizable e indominable. Por eso en todo caso, se deben construir totalidades parciales, mutables, reconstruibles por los colectivos inteligentes. El saber es actualmente para Leavy la metáfora de la navegación. Pero ese saber no es algo abstracto sino que está hecho de relaciones. La Web es un sistema de comunicación, de relaciones personales y que encarna conocimiento. Y no solo cambia por esos soportes de la información y de las técnicas de la comunicación los modos de conocer sino de evaluar a la sociedad, en sentido de los valores presentes de una civilización. También cambia el "quién" conoce. Leavy marca el retorno de las "comunidades vivas" como la portadora del saber al igual que lo eran antes de la invención de la escritura. La sustancia de lo que se conoce también cambia y surgen nuevas herramientas de conocimiento superiores para Leavy al que se desprende del conocimiento abstracto. De alguna forma, puede hablarse de la liberación del conocimiento de lo real. El conocimiento ya no es más representativo como lo podemos leer en Couchot cuando describe la realidad virtual: “La imagen-matriz digital no se presenta más en una adherencia a lo real: se libera de ella”. Es lo que conocemos como píxeles. O la simulación que es una técnica cognitiva propia de la cibercultura, que tiene que ver con la ampliación de las capacidades “naturales” de la inteligencia individual, ya que a través de la informática se transforman y aumentan esas capacidades exteriorizándolas en soportes digitales. Aclara el autor que no son técnicas substitutivas de la inteligencia humana pero sí pueden ampliar la memoria, la imaginación, etc con un nivel de detalle impensables. No conoce las imágenes fijas sino las “dinámicas complejas” por lo cual se pueden prever consecuencias, movimientos naturales (catástrofes). 
Leavy, en resumen, mira en proyección y estima que el ciberespacio se convertirá en el principal mediador de la inteligencia colectiva, y la educación tendrá que tomar nota de todos esos nuevos parámetros para no quedar al margen en sus propuestas. 

lunes, 18 de septiembre de 2017

La cibercultura en la convergencia

Santaella toma como punto de referencia para hablar del surgimiento de la cibercultura a la cultura de masas con el especial protagonismo de la televisión. Su hegemonía, describe, tiene su punto álgido a principios de los 70, y luego, llegado ese punto se da un momento de saturación para la televisión, con el advenimiento de nuevos procesos comunicacionales  a los que denomina cultura de mídias, con las tecnologías del fax, videocasetera, videogames, y la fragmentación de medios como las radios o las revistas que desarrollan un contenido destinado a un público especializado/audiencias segmentadas y diversificadas. Estos mídias no son lo mismo que los medios de comunicación de masas, y en eso la autora hace una distinción interesante para tener en cuenta. La televisión es un medio masivo y ocurre que va teniendo una orientación cada vez más comercial (tornándose  oligopólica). Sin embargo, aunque la televisión pierde su grado de importancia en cuanto al alcance en su recepción está lejos de desaparecer. Santaella entonces, ubica su análisis en el ámbito de la cultura, entendiendo que con esta sobreimpresión los tejidos culturales se hacen más híbridos y densos. La cultura digital aparece en esas condiciones culturales. 
De espectadores a usuarios que con las redes y la velocidad de los ordenadores o los medios interactivos surgieron nuevos hábitos en los usuarios que están relacionados con la cultura de las mídias, que son las condiciones de diversificación y libertad de selección del espectador ante la pantalla. 
Los procesos comunicativos de una cultura a otra, conviene notar, cambian en un aspecto fundamental para la autora. Cada persona puede tornarse productor, creador, compositor, etc, de sus propios productos. Así asistimos al surgimiento de una sociedad que de piramidal se transforma en “reticular de integración en tiempo real”, que es la tercera era mediática: la cibercultura. 
La cibercultura se caracteriza por el tratamiento digital de cualquier tipo de información, que en una palabra implica un cambio de formato donde todas las fuentes de información se convierten bits. Toda la información puede ser comprimida y se reducen los errores traducidos en ruidos, interferencias o repeticiones y estas (música, sonido, imagen, texto) combinadas originan el lenguaje multimediático con dicho lenguaje universal. La cualidad de la información se conserva más que la de las señales analógicas. 
La convergencia de las mídias como uno de los desenlaces que la digitalización produce es hoy en día uno de los puntos más complejos de legislar por los gobiernos. Así puede transformarse en un sinónimo de concentración cuando está en las mismas manos el mercado de telecomunicaciones, y el de medios de comunicación y los informáticos. Los consumos de las nuevas generaciones se alteran aun más que lo que describe Santaella cuando las lecturas, audiovisual, prensa gráfica en el proceso que une a las industrias de las telecomunicaciones, el audiovisual e Internet se hacen a través de un mismo dispositivo como lo son la computadora –portátil o fija–, tablets, smarthphones, entre otros. Así sostiene Paola Fernández que la imposición de una reglamentación que regule al mismo tiempo todas estas actividades crea una ilusión normativa, fundada y justificada en el determinismo tecnológico. Porque la función emancipadora de las tecnologías de la comunicación e información no pueden analizarse ya sin la comprensión de la concentración del mercado. El poderío trasnacional de Google, las empresas telefónicas, las empresas a cargo de las redes sociales, obstruyen sin legislación el derecho a la comunicación, y todo el potencial de la cibercultura. 

La teoría de la ventana rota

Las problemáticas en torno de las políticas de seguridad no son nuevas, sobre todo en lo que refiere a las grandes ciudades. Particularmente en Argentina, comenzó a tomar relieve el problema de la inseguridad en el año 2004  cuando Axel Blumberg, de 23 años fue asesinado luego de un secuestro extorsivo. Su padre empezó una larga militancia …; a la primera movilización que convocó fueron 150 mil personas. El lema de la “tolerancia cero” cobra notoriedad y se materializa en el endurecimiento de las penas, la puesta en vigencia de los códigos de faltas en distintas provincias que autorizan a la misma policía a ser juez y parte en los delitos. Se implementa la denominada averiguación de antecedentes o “portación de rostro”, que quiere decir que existen personas más proclives a cometer delitos. La idea de prevención (la metáfora de la ventana rota) significa en los hechos que muchos jóvenes que pertenecen a los sectores populares son considerados peligrosos.
Pero este fenómeno no surge ahí sino que se va gestando con mucha fuerza desde años anteriores. En el año 2001, la Comisión Investigadora de Procedimientos Policiales Fraguados, creada por resolución del Procurador General de la Nación (Ministerio Público de la Nación) dio a conocer un informe sobre una serie de operativos policiales en donde se pudo documentar más de un centenar de casos ocurridos desde 1995 que sistematizaba patrones comunes de acción policial. “Los casos involucraban siempre a personas pobres, desocupadas, enfermas, adictas, analfabetas, migrantes – todas cercanas a ese “homo sacer” que Agamben describe como figura clave del control biopolítico de los estados contemporáneos.”(Tiscornia y Sarrabayrouse, La banalidad del mal).  Lo cierto es que se descubrió que la policía se encargaba de realizar un montaje que involucraba la detención de delitos ficticios, incluida la detención de esas personas con el fin de mostrar que la policía trabajaba.
“La política del miedo cotidiano” como característica de la vida urbana puede pensarse desde el concepto de comunidad definido por el contorno de lo que está vigilado. No hace falta crear una residencia como la de Heritage Park apartada para un despliegue inusitado de estas políticas de seguridad que divide a la ciudad entre los merodeadores y  la “gente correcta”.

Extraños en el paraíso
El sentimiento de extranjera nunca fue tan intenso como al trasladarme este año a Brasil. Releer ahora a Bauman me trasladó al tiempo y espacio cero de una persona que se queda sin historia. Recordé otra vez ese sentimiento que experimenté hondamente cuando me fui a Córdoba a habitar una ciudad nueva. Pero lo que durante un tiempo prolongado viví como un no-lugar, fue la universidad. Por su masividad, por la imposibilidad de que los docentes puedan detenerse a construir vínculos debido a la cantidad de estudiantes que llegábamos desde distintos lugares, conviertiéndonos rápidamente en números. Parecía por momentos un shopping, aunque la soledad de este espacio la conocí por primera vez en Salvador de Bahía. El shopping es el lugar con el lenguaje de civilidad más conocido para alguien con condición de extranjera que no entiende el idioma: “Significa la provisión de espacios que la gente puede compartir como persona pública, sin que se la inste, presione u obligue a quitarse la máscara y “soltarse”, “expresarse”, confesar sus sentimientos íntimos y exhibir sus pensamientos, sueños y preocupaciones más profundos”. El paraíso turístico de Bahía se transformó para mí en un lugar descarnado, plagado de ajenidad. Otra vez la universidad devino en una caja desafectada. Más aún porque busco a las personas que se convirtieron en mi referencia: aquellas que te acompañan en la criticidad de las cosas, en el lenguaje como poesía, en las lecturas desinteresadas. Falta la interacción social en vez de la acción del consumidor. Hay paredes muy difíciles de derribar que son las que separan esta gran casa del conocimiento del resto de la sociedad. El templo del consumo es el templo del conocimiento, donde lo más importante será el logro individual. Subjetivamente estar dentro de este templo “purificado”, cerrado en “sí mismo” genera la condición de “estar en otra parte”. Somos como unos feligreses que integramos una “verdadera comunidad de creyentes”. ¿La otredad? Lo que somos en algún sentido, nuestras experiencias dispares, singulares, históricas quedan entre paréntesis o suspendidas. Llevando este planteo al punto más riguroso, esta experiencia de civilidad conforma de nuevo un no – lugar: tal vez un espacio despojado de las expresiones simbólicas de la identidad, las relaciones y la historia.


Debates más amplios sobre la inclusión digital

En Brasil, distintas acciones especialmente desde el 2006 confluyeron en garantizar la conexión a internet de sus territorios. Sin embargo ...