Luego de este hecho, las redes sociales ocupan el centro de la escena, en este pedido de esclarecimiento de lo que desde un principio se entiende como desaparición forzada. En relación a la forma en que la ciudadanía se ejerce a través de estos medios, para contrarrestar la información hegemónica que circula por los grandes medios de comunicación (que son analógicos pero también digitales, porque sus noticias se replican al infinito en sus propios medios digitales y en las redes sociales) podemos decir que no hay nada nuevo o diferente a todo lo que viene pasando desde hace dos años en Argentina, pero la intensidad con la que aparece Santiago Maldonado marca un antes y un después en el poder de la red en cuanto a mostrar las “possibilidades de comunicação, produção, interação e participação”. Sin cálculo estadístico de por medio, me animo a arriesgar que 8 de cada 10 personas subieron alguna consigna en las tres últimas semanas y muchos lo hacemos permanentemente. Lejos de aplanarse esta participación ante la negación del Estado a desentrañar las verdaderas causas de la desaparición de este jóven, todo el tiempo surgen creativamente nuevas consignas en este pedido desesperado por la verdad. Una de las últimas acciones, que llamó mi atención por la gran masividad (La Multitud) ocurrió hace dos días, cuando se empezó a ver en el facebook que cada uno/a escribía qué estaba haciendo en ese momento, con quiénes estaba, en dónde, etc y le agregaba la pregunta ¿dónde está Santiago Maldonado?
Ahí pude ver esa poderosa y arrasadora complicidad que se construye al calor de esta cultura digital de la que siempre hablamos y que acerca posicionamientos, sentires, indignación colectiva. Se trata de una emotividad política que contrarresta los relatos que enarbola el Gobierno, en los que se incrimina a la comunidad mapuche, se ensucia la identidad de Santiago Maldonado y su familia, y se desprecia y desprestigia el acompañamiento y preocupación de los Organismos de Derechos Humanos.
En una época que no se caracteriza por la organización política en toda su materialidad, el acceso a internet parece la única garantía de una cierta organicidad en esa “comunicación ubicua”, en donde se puede producir consignas de justicia con el otro.
Pero por las redes no sólo se suben consignas con imágenes que van interpelando e incluyendo, sino que surgen discusiones que se socializan. “O que se destaca são coletivos, que vão se engajando, colaborando, participando e criando”. Yo misma me encontré invitando gente de otros lugares, a las que no conocía para poder enriquecer y entender cómo se potencia este pedido.
En esa experiencia que continúa hasta que tengamos alguna respuesta, me preguntaba (y recurría a mi muro para interpelar) si en las escuelas hablarán de Santiago Maldonado. Una profesora de literatura me contestó: “Sí. A mí los chicos me preguntaron en el IVA. Y al menos al grupo que habló conmigo se le había armado una ensalada enorme entre el atentado en Barcelona, la desaparición de Santiago Maldonado y los desaparecidos de los 70s. El viernes estuvimos un buen rato tratando de desarmar algunas de las confusiones. Y hay además una campaña para trabajar fuerte esta semana en las escuelas en la información sobre el caso de Santiago Maldonado”. Respuesta que nos lleva a seguir pensando que la escuela y los profesores en su rol son pilares fundamentales de las batallas culturales.


