La teoría de la ventana rota
Las problemáticas en torno de las políticas de seguridad no son nuevas, sobre todo en lo que refiere a las grandes ciudades. Particularmente en Argentina, comenzó a tomar relieve el problema de la inseguridad en el año 2004 cuando Axel Blumberg, de 23 años fue asesinado luego de un secuestro extorsivo. Su padre empezó una larga militancia …; a la primera movilización que convocó fueron 150 mil personas. El lema de la “tolerancia cero” cobra notoriedad y se materializa en el endurecimiento de las penas, la puesta en vigencia de los códigos de faltas en distintas provincias que autorizan a la misma policía a ser juez y parte en los delitos. Se implementa la denominada averiguación de antecedentes o “portación de rostro”, que quiere decir que existen personas más proclives a cometer delitos. La idea de prevención (la metáfora de la ventana rota) significa en los hechos que muchos jóvenes que pertenecen a los sectores populares son considerados peligrosos.
Pero este fenómeno no surge ahí sino que se va gestando con mucha fuerza desde años anteriores. En el año 2001, la Comisión Investigadora de Procedimientos Policiales Fraguados, creada por resolución del Procurador General de la Nación (Ministerio Público de la Nación) dio a conocer un informe sobre una serie de operativos policiales en donde se pudo documentar más de un centenar de casos ocurridos desde 1995 que sistematizaba patrones comunes de acción policial. “Los casos involucraban siempre a personas pobres, desocupadas, enfermas, adictas, analfabetas, migrantes – todas cercanas a ese “homo sacer” que Agamben describe como figura clave del control biopolítico de los estados contemporáneos.”(Tiscornia y Sarrabayrouse, La banalidad del mal). Lo cierto es que se descubrió que la policía se encargaba de realizar un montaje que involucraba la detención de delitos ficticios, incluida la detención de esas personas con el fin de mostrar que la policía trabajaba.
“La política del miedo cotidiano” como característica de la vida urbana puede pensarse desde el concepto de comunidad definido por el contorno de lo que está vigilado. No hace falta crear una residencia como la de Heritage Park apartada para un despliegue inusitado de estas políticas de seguridad que divide a la ciudad entre los merodeadores y la “gente correcta”.
Extraños en el paraíso
El sentimiento de extranjera nunca fue tan intenso como al trasladarme este año a Brasil. Releer ahora a Bauman me trasladó al tiempo y espacio cero de una persona que se queda sin historia. Recordé otra vez ese sentimiento que experimenté hondamente cuando me fui a Córdoba a habitar una ciudad nueva. Pero lo que durante un tiempo prolongado viví como un no-lugar, fue la universidad. Por su masividad, por la imposibilidad de que los docentes puedan detenerse a construir vínculos debido a la cantidad de estudiantes que llegábamos desde distintos lugares, conviertiéndonos rápidamente en números. Parecía por momentos un shopping, aunque la soledad de este espacio la conocí por primera vez en Salvador de Bahía. El shopping es el lugar con el lenguaje de civilidad más conocido para alguien con condición de extranjera que no entiende el idioma: “Significa la provisión de espacios que la gente puede compartir como persona pública, sin que se la inste, presione u obligue a quitarse la máscara y “soltarse”, “expresarse”, confesar sus sentimientos íntimos y exhibir sus pensamientos, sueños y preocupaciones más profundos”. El paraíso turístico de Bahía se transformó para mí en un lugar descarnado, plagado de ajenidad. Otra vez la universidad devino en una caja desafectada. Más aún porque busco a las personas que se convirtieron en mi referencia: aquellas que te acompañan en la criticidad de las cosas, en el lenguaje como poesía, en las lecturas desinteresadas. Falta la interacción social en vez de la acción del consumidor. Hay paredes muy difíciles de derribar que son las que separan esta gran casa del conocimiento del resto de la sociedad. El templo del consumo es el templo del conocimiento, donde lo más importante será el logro individual. Subjetivamente estar dentro de este templo “purificado”, cerrado en “sí mismo” genera la condición de “estar en otra parte”. Somos como unos feligreses que integramos una “verdadera comunidad de creyentes”. ¿La otredad? Lo que somos en algún sentido, nuestras experiencias dispares, singulares, históricas quedan entre paréntesis o suspendidas. Llevando este planteo al punto más riguroso, esta experiencia de civilidad conforma de nuevo un no – lugar: tal vez un espacio despojado de las expresiones simbólicas de la identidad, las relaciones y la historia.
Entiendo tus puntos de vista Marcela, porque también sentí desarraigo y soledad al llegar al nuevo entorno. Pero siempre habrá personas, docentes y compañeros, dispuestos a escucharnos, a tendernos una mano amiga, a comprender por lo que pasamos. Las redes de amigos hacen más fácil la adaptación y más llevaderas las cargas. Sigamos adelante!
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