En Brasil, distintas acciones especialmente desde el 2006 confluyeron en garantizar la conexión a internet de sus territorios. Sin embargo una creciente conectividad alertó sobre la falta de infraestructura de telecomunicaciones y la ausencia de banda ancha en buena parte del territorio brasilero. En Argentina el acceso a internet se diferencia entre las áreas urbanas y rurales. Según el INDEC, casi el 80 por ciento de los accesos a Internet residenciales y de organizaciones se concentra en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza que son áreas urbanas.
Con respecto a Brasil, las políticas emprendidas por el gobierno de Lula, aunque fueron numerosas se dieron de una manera desarticulada, y según Pretto y Bonilla no entendieron la importancia de la “inserção do conjunto das camadas sociais na comunicação em rede para romper o processo de reprodução da miseria”.
La discusión de la inclusión digital contempla la infraestructura donde puede hablarse de la velocidad de la banda ancha como un elemento trascendente. En Argentina además del problema de la concentración que tiene que ver con que internet es principalmente utilizado en los grandes centros urbanos, existe una velocidad promedio de conexión de entre 3,5 y 5 MB, cuando en Uruguay el promedio es de 20 MB a través de una empresa estatal. En Brasil y México se habla de un promedio de 10 a 12 MB. Tal diferencia no se adjudica solo a la falta de inversión sino también a la falta de regulación de un mercado fuertemente concentrado, con un Estado que no solo no invierte sino que no garantiza la competencia.
Pero para los autores es necesario contemplar tres libertades más: la de creación de nuevos contenidos, de nuevas tecnologías y de navegación sin centros que la cercenen. Porque se observa que a medida que se expande internet las grandes empresas de telecomunicaciones ejercen un mayor control sobre la información (el llamado copyright por ejemplo) y así, a la vez que en un sentido puede aumentar la inclusión digital en términos de accesibilidad a la red, merma la autonomía que es en los internautas el poder comunicacional descripto por Castells. Para explicarlo de otra manera, hay cada vez más cable, pero las operadoras pueden transformar internet en “gran red de TV a cable” que significa “reducir su interactividad, filtrar los flujos de información, impedir el compartimiento libre de archivos digitales”. Desde ahí que siempre resulta decisivo agregar al punto de vista de los usos de las tecnologías la perspectiva del software libre y de los hackers como actores contemporáneos de una nueva creatividad que permitiría una red con mayor“possibilidade para a ampliação da cidadania e (mayor) diversidade cultural e tecnológica” frente a las corporaciones.
En estos días me desvela como nuestros países latinoamericanos van teniendo una ciudadanía dominada por un pensamiento cada vez más conservador. Y cuál puede ser el papel de la red entendida bajo la perspectiva de aumentar el poder comunicacional de los individuos y colectivos para contrarrestar las influencias de los medios masivos. Actualmente asistimos a la llamada convergencia comunicacional: la capa física que es la que transmite internet y por donde pasa el mayor flujo de las informaciones controlada por los mismos ologopolios que controlan los medios masivos. “Quien controla la infraestructura física de la red puede controlar el flujo digital de la red”. En su libro “Guerras de Internet”, Natalia Zuazo explica que hoy, 5 de cada 10 personas están conectadas a algún servicio de Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, y otros servicios como Netflix y Amazon. Nuestro consumo y nuestro estar en internet está vinculado con esas grandes empresas que son empresas de contenido. Entre estas y las de conexión se da un conflicto porque las que tienen más ganancias son las primeras. En el medio, están quienes no están conectados que representan un tercio de la población total. Aquí termina y empieza la discusión sobre inclusión digital que merece esos otros debates como poder desandar el concepto que frecuentemente utilizamos de usuarios que implica aceptar pasivamente los contenidos sin preguntarnos que nos piden a cambio de esos consumos, lo que nos llevaría a concebirnos como ciudadanos. ¿Podemos elegir conectarnos o no a WiFi en el subte sabiendo previamente que al hacerlo entregamos nuestros datos que son la forma de pago a estas empresas por el servicio? Qué elegimos y qué no nos convierte al menos por pequeños momentos en ciudadanos en la inmensa red.
Infelizmente a internet banda larga ainda não é acessível para muitos. AS desigualdades sociais se refletem em muitos aspectos, e este é um deles.
ResponderEliminarHola Marcela! en Colombia la realidad no es muy diferente. Hasta hace muy poco, en el año 2013 empezó a llegar la "banda ancha" al campo a unos pequeños centros llamados "Kioscos Vive Digital", ubicados en tiendas, casas o escuelas, a donde la población puede ir a conectarse a internet. Pero la calidad de la banda no es ni mucho menos de banda ancha, es una conexión precaria que se cae a cada rato. Falta mucho para poder conectar realmente al campo Colombiano, y asi las desigualdades seguirán perpetuándose.
ResponderEliminarParabéns pelo texto, Marcela!
ResponderEliminarDe fato temos a opção de estarmos ou não conectados, e com isso estamos expostos ou não na rede, ao mesmo tempo que nos tornamos dependentes dos serviços aos quais necessitamos, como por exemplo, bancos, cartão de passagem, entre outros.
Abraço :)